sábado, 5 de febrero de 2011

Desde el 2011 hacia el mundo. El salto de estaciones.

Por Elvin Matos


Observando el recibimiento del año 2011 a nivel 
mundial, se trató de un evento de mucha similitud cuando la humanidad le dio el saludo de bienvenida al año 2000, con un elemento evidente en común: la duda y la incredulidad al grado superlativo.
Pues parece normal que conforme el paso del tiempo y el salto de nudos cruciales en el calendario, a la población mundial le da con sentirse sobreviviente, por encima de cualquier otra definición. Y, tiene su sentido lógico, si atendemos al color de los tiempos y la extensión de las fatalidades que campean a todos los confines del planeta.
En efecto, el mundo entra en la segunda década en la ruta hacia el tercer milenio, como un escenario donde las burbujas de todo tipo, oxigenadas durante años se van desinflando abruptamente en diversos puntos del globo, con una naturalidad que espanta al más frío de los mortales.
Es así que entrando el año, el mundo se olvidó de Iraq y Afganistán y la prolongación de una asimétrica guerra que nadie tiene explicación, mientras los únicos testigos del conflicto van quedando sepultados en el desierto, con toda y su historia. También se olvidó de la crisis económica y financiera que corroe los cimientos del capitalismo a escala planetaria. El mundo volvió su mirada a la figura de Barack Obama, el presidente negro de Estados Unidos, que maravilló a unos y otros a través del encanto y la gracia de su presencia y expresión.
El mundo dejó de estar pendiente de China y su vertiginoso crecimiento económico, contra los vientos huracanados de la crisis global. El mundo perdió de vista a América Latina, como el continente de la esperanza para la redención de toda la humanidad. En fin, de momentos se perdieron los puntos críticos en la geopolítica mundial con sus focos colocados en regímenes izquierdosos, a amanera de resistencia al fiasco del socialismo real y el resentimiento de otros refinados ignorantes de la espiral que va trazando el curso de la historia.
Fue como la repetida estratagema de los ladrones de banco en el Viejo Oeste. Armaban una simple bronca en la periferia del pueblo y acaparaban la atención de toda la población y hasta los vigilantes del banco con todo y trabajadores se convertían en el público del escenario.
Pero esto llevado hasta la dimensión histórica parece un cuento contado al revés. Una distracción colectiva de proporciones globales, es una muestra de lo chico que se está tornando el mundo y sus casi siete mil millones de mortales que habitan el plantea.
El caso es que el mundo entero se volvió hacia un punto de Africa, donde un país que muy posiblemente no contaba ni en la geografía de la escuela elemental, llamado Túnez, un joven se prendió fuego y con ello desató toda la furia de sus habitantes, generando una rara revolución sin rumbo, al estilo de aquel mayo francés del 1968.
Aun no se terminaban las manifestaciones, con toda y la huída de sus gobernantes, cuando en otra parte de Africa se rompe de frágil equilibrio desgastado por siglos de regímenes caprichosos. Esta vez le tocó a la legendaria cuna de la civilización antigua. El país de las pirámides y los faraones. En una abrir y cerrar de ojos, Egipto se presenta ante los ojos del mundo como un pueblo recién fundado que busca organizar su sociedad y no encuentra patrón ni conductor.
En el teatro de operaciones, la revolución tiene lugar entre manifestantes y las fuerzas del orden, con cualquier cosa como arma de combate. Mientras que el resto del mundo libra su propia guerra a través de un sofisticada arma tecnológica de reciente facturación: las llamadas redes sociales.
Salvando el tiempo, las distancias y otros pretextos del pasado, las redes sociales superan en efectividad a los legionarios de voluntarios y a las brigadas internacionalistas, que fueron importantes refuerzos en conflictos regulares e insurrecciones populares que han sucedido a lo largo de la historia y en los confines del planeta.
Fue así que el mundo se olvidó de sus aprestos cotidianos y su apremiante agenda de tiempo completo para volver la vista hacia las dos columnas de humo que emergen desde Africa: Túnez y Egipto, que como gemelos de un parto crucial, alzan sus cabezas desde las entrañas de un poder incubado por años de autoritarismo y corrupción.


El año 2011 apenas empieza, de la misma manera que el continente negro retoma su emancipación. Ayer como hoy, el resto del mundo estará atento y al tanto del curso de los acontecimientos y esta vez con la tecnología en manos de millones de personas que conforman la comunidad virtual, capaces de cubrir toda la extensión planetaria con sus redes interminables. Aquí estaremos. Unos y otros somos parte de esa única comunidad.
         

El año 2011 entre mitología y predicción.

   El año 2011 llegó a nuestra agenda, luego de un intenso 2010, con un amplio radio de repercusiones a escala planetaria. Desde el fenómeno político, hasta el comportamiento de la naturaleza, la humanidad vivió doce meses entre el foco de tensión de guerra en el Medio Oriente hasta dos temibles terremotos en el hemisferio Occidental.
    Entre los matices de estos eventos extremos, el planeta sintió los efectos devastadores de fuertes inundaciones en los cuatro costados del globo, desde Australia hasta el macizo sudamericano; con la guerra asimétrica de los cárteles del narcotráfico en México, entre el largo etcétera de acontecimientos de una humanidad que se agita en la ruta hacia el tercer milenio.
     Con este ambiente de escenario, se organizó la bienvenida del año 2011, con celebraciones apoteósicas desde todos los  confines del planeta. Más que nada, se entiende que por el inmenso privilegio que significa ser testigo de una era crucial de la existencia humana.
     Para la única de las leyendas que sobrevive y se confunde con su contemporaneidad, la civilización china, el año 2011, está representado por el conejo o  libre,  de acuerdo al zodiaco del gigante oriental, fundamentado en el legendario calendario lunar.
     El calendario chino consta de ciclos de 12 años, que están representados por un animal, que la leyenda atribuye al Emperador de Jade luego de realizar una ronda de animales, por lo que que pasó a denominarse zodíaco, aquella clasificación del tiempo entre el hombre y su vecindario inmediato, encarnado en los animales.
    Según la leyenda, el conejo hace culto al emblema de la longevidad y cuenta que su esencia deriva de la luna. Por esta situación, los chinos conservan una serie de ceremoniales a l gracia, buenos modales, amabilidad, sensualidad y belleza y se considera que el tiempo es propicio para la persuasión y el lenguaje de la diplomacia, llegando a considerarse a las personas nacidos en el año del conejo como individuos exitosos en el derecho y la política.
     Mientras la mitología china consigna toda esta simbología para el año 2011, el ya desaparecido calendario maya, establece un pronóstico apocalíptico para esta fecha, como antesala de eventos catastróficos, como resultado del fin de la era cósmica denominada Quinto Sol.
     Estudiosos del calendario maya indican que su cronología se interrumpe abruptamente el 23 de diciembre del año 2012, día que en sus cuentas finaliza la era del Quinto Sol, que contabilizan en 5 mil 125 años de duración.
     El calendario maya has sido objeto de estudio durante siglos, a partir de la curiosidad aún insatisfecha por generaciones de científicos de la astronomía sobre la observación, predicción y medición del tiempo de estos desaparecidos pobladores de la América prehispánica.
     De acuerdo a la interpretación de los estudiosos del calendario maya, a partir del año 1992, la humanidad entró en el denominado momento del katum, que los mayos consideraron como “el tiempo de no tiempo”. Esta hipótesis establece que a partir del 1992 el universo vivirá un proceso de transición de 20 años, caracterizado por profundos cambios cósmicos, intensos movimientos telúricos y convulsiones sociales.
   En fin, ya estamos en pleno 2011, con el encanto del conejo y sus atributos, como le simboliza la civilización china y los pronósticos apocalípticos que se encierran en el calendario mayos y sus videntes más aventajados.
    Entre un escenario y el otro, la vida es un ejercicio que se torna cada vez más interesante y atractiva, sobre todo cuando estamos en la disposición de vivirla a plenitud.!
Santo Domingo. Rep. Dominicana.
       
     
     

El año 2011 desde la República Dominicana.

    2011 suena extraño para un año del calendario que sobrevive la humanidad. No es como decir 1811 o 1911, aún menos decir 1111 o 2111. Con la pronunciación del 2011 se produce como una especie de cacofonía que se estrella contra el sentido auditivo más tosco de refinamiento. Independientemente de mi carga subjetiva, pensar que haya un año que responda al nombre de 2011, resulta pesado y poco atractivo. En una interpretación antropológica, se traduce en tiempo difícil, complicado, transición crucial, etc.
      Desde el escenario de la República Dominicana, el año 2011 traduce ese efecto sonoro a su propia realidad social. Desde el reflejo de la situación política hasta conformar todo el espectro del entretejido social de la nación.
      Como país que no aprende de las lecciones de la historia para fundamentar su práctica política, de nuevo volvemos a enfrentarnos con el fantasma de la reelección del presidente Leonel Fernández y todo lo que esa situación implica para la institucionalidad y el funcionamiento del Estado, como empresa administrada por los políticos de turnos en el poder.
      Y pensar que el país salió en estado de ebriedad y atolondrado producto del martilleo sistemático y a tiempo completo de una reforma a la Constitución sin precedentes en la historia. Fueron cambiando verbos, sustantivos, adjetivos; sustituyendo oraciones, saltando números hacia atrás y hacia adelante; alargando y achicando artículos; aclarando y ocultando el mal llamado espíritu de la ley, a conveniencia del contexto; en fin, el nuevo Congreso que se instaló en agosto del 2010 parece que se propuso pasar a la historia con esta puesta en escena de la Ley Sustantiva de la Nación.
   Como punto de atención crucial, la reforma constitucional estableció que  la figura de la reelección presidencial habría quedado bien definida, dejando en claro el gobernante de turno podía aspirar a un segundo mandato, hasta completar dos períodos consecutivos.
     Como era de esperarse, al final de todo el pugilato que implicó la discusión de la reforma, la clase política volvía a cero con el tema, elevando a punto de primer plano el expediente de una próximo postulación del presidente Fernández, que ya agota los últimos dos años de un segundo período.
     De esto es necesario abundar lo conveniente, a los fines de contextualizar el tema en su dimensión, para fines de la historia. Pues no se había proclamado la nueva Constitución cuando el tema de la reelección era el pan nuestro de cada día en todo el menú del quehacer nacional.
      Es como si fuera un juego entre niños, donde no existe regla alguna. Como si la historia se hubiera sepultado en una de esas construcciones urbanas y un día de torrencial aguacero lo habría arrastrado al mar Caribe. Es como una pesadilla recurrente de gnomos de la noche. No cuenta todo lo que el país tuvo que soportar con las cantaletas de los gobierno de Balaguer, que sólo llegaba al poder para que en lo adelante el tema fuera la próxima reelección.
    La broma resultaba de mal gusto para entonces. La discusión  parecía una escena de esperpentos. Un enjambre de cortesanos iniciaban la cruzada mediática de la necesidad de la continuidad del régimen, para bien de todos y salud de la patria. Mientras el señor presidente se negaba y se negaba hasta la saciedad de concurrir a un próximo período hasta unos cuántos días antes del certamen electoral, cuando el mandatario terminaba por “aceptar el llamado de su pueblo” y postularse de nuevo.
    El fin es que el terremoto del once de enero del año 2010 devastó al empobrecido país de Haití, ahí en nuestro patio; el mundo se encaminaba a duras penas entre los focos de guerra del Medio Oriente; la eventual incorporación de Pakistán y su vecino regional Irán como los nuevos protagonistas en la extensión del conflicto; y, lo peor, la economía del mundo no terminaba de recuperarse, cuando el tema de la reelección se mantenía sobre el tapete de la agenda nacional.   
     Ni las extrañas inundaciones de Brasil, Colombia y Venezuela; la transición de Lula a su colega del PT; el pugilato en Venezuela, con Chávez empujando su Revolución Bolivariana contra la resistencia de la oposición; la muerte de los expresidentes Carlos Andrés Pérez y su contemporáneo dominicano, Salvador Jorge Blanco, con apenas horas de diferencias; Haití y su eterno retorno a la barbarie; el fenómeno de Obama y su progresiva pérdida de brillo del pasado; todo esto pasó desapercibido en los finales del 2010 y el inicio del 2011. Todo, porque el tema que abarcó la totalidad del escenario fue la discusión de la reelección del presidente Leonel Fernández a un tercer período de gobierno.
      Fue así que los petardos pirotécnicos de fin de año y de recibimiento del 2011 se hicieron estallar con el grito de la reelección. Unos a favor y los otros en contra. Ya el 2011 va doblando por el mes de febrero y el tema promete alcanzar dimensiones de lengua oficial y obligatoria. Ya veremos.!
Santo Domingo, Rep. Dominicana.
   

La Estación Global. Comunidad del Futuro.

   La Estación Global es el blogs, perdón el block que hacía falta en la estructura “torrebabélica” en la inmensidad de los bloggers que habitan el ciberespacio en nuestros días.
   El tema será una dinámica del momento. Desde la noticia que se originó en el lugar más apartado del planeta, hasta en encanto de una poesía que se expresa a través de una fotografía. Como grandeza de la vida y la creatividad del artista, en complicidad con la naturaleza y la sociedad.
    La página está presente en el espacio de la red y como tal nada inherente al género humano le estará ajeno. Tanto para las mentes dormidas, como para los avezados y actualizados mortales, La Estación Global tiene el tema y el espacio de participación para cada quien y cada cual.
     Sin embargo, también existe el especial de la casa, como en toda comunidad. En nuestro caso tiene una atención de primer orden el tema de la política internacional, las relaciones políticas internacionales, la geopolítica a escala planetaria y el tema del momento que completa el temario, será el plato fuerte en portada de la página.
  Como el muro o la pizarra de la comunidad virtual que estamos construyendo, La Estación Global tiene un espacio infinito donde puedes dejar tus huellas, a través de tu participación, sin condición alguna. Nuestro objetivo es hacer un ejercicio de expresión libre, como acción suprema de la libertad, entendida como razón primaria para alcanzar la plenitud de nuestra existencia como protagonista estelar  de la naturaleza y la sociedad.
      Es así que llegas al muro de los signos y símbolos de la humanidad que habita el planeta, del que eres un privilegiado miembro. Sin tu presencia y participación La Estación Global estará opaca y sin gracia. De la misma manera que tu mundo estará incompleto y nebuloso. Esto es lo más cerca que has estado de tu comunidad. 
Santo Domingo, Rep. Dominicana.

lunes, 31 de enero de 2011