Por Elvin Matos
Observando el recibimiento del año 2011 a nivel
mundial, se trató de un evento de mucha similitud cuando la humanidad le dio el saludo de bienvenida al año 2000, con un elemento evidente en común: la duda y la incredulidad al grado superlativo.
Observando el recibimiento del año 2011 a nivel
mundial, se trató de un evento de mucha similitud cuando la humanidad le dio el saludo de bienvenida al año 2000, con un elemento evidente en común: la duda y la incredulidad al grado superlativo.
Pues parece normal que conforme el paso del tiempo y el salto de nudos cruciales en el calendario, a la población mundial le da con sentirse sobreviviente, por encima de cualquier otra definición. Y, tiene su sentido lógico, si atendemos al color de los tiempos y la extensión de las fatalidades que campean a todos los confines del planeta.
En efecto, el mundo entra en la segunda década en la ruta hacia el tercer milenio, como un escenario donde las burbujas de todo tipo, oxigenadas durante años se van desinflando abruptamente en diversos puntos del globo, con una naturalidad que espanta al más frío de los mortales.
Es así que entrando el año, el mundo se olvidó de Iraq y Afganistán y la prolongación de una asimétrica guerra que nadie tiene explicación, mientras los únicos testigos del conflicto van quedando sepultados en el desierto, con toda y su historia. También se olvidó de la crisis económica y financiera que corroe los cimientos del capitalismo a escala planetaria. El mundo volvió su mirada a la figura de Barack Obama, el presidente negro de Estados Unidos, que maravilló a unos y otros a través del encanto y la gracia de su presencia y expresión.
El mundo dejó de estar pendiente de China y su vertiginoso crecimiento económico, contra los vientos huracanados de la crisis global. El mundo perdió de vista a América Latina, como el continente de la esperanza para la redención de toda la humanidad. En fin, de momentos se perdieron los puntos críticos en la geopolítica mundial con sus focos colocados en regímenes izquierdosos, a amanera de resistencia al fiasco del socialismo real y el resentimiento de otros refinados ignorantes de la espiral que va trazando el curso de la historia.
Fue como la repetida estratagema de los ladrones de banco en el Viejo Oeste. Armaban una simple bronca en la periferia del pueblo y acaparaban la atención de toda la población y hasta los vigilantes del banco con todo y trabajadores se convertían en el público del escenario.
Pero esto llevado hasta la dimensión histórica parece un cuento contado al revés. Una distracción colectiva de proporciones globales, es una muestra de lo chico que se está tornando el mundo y sus casi siete mil millones de mortales que habitan el plantea.
El caso es que el mundo entero se volvió hacia un punto de Africa, donde un país que muy posiblemente no contaba ni en la geografía de la escuela elemental, llamado Túnez, un joven se prendió fuego y con ello desató toda la furia de sus habitantes, generando una rara revolución sin rumbo, al estilo de aquel mayo francés del 1968.
Aun no se terminaban las manifestaciones, con toda y la huída de sus gobernantes, cuando en otra parte de Africa se rompe de frágil equilibrio desgastado por siglos de regímenes caprichosos. Esta vez le tocó a la legendaria cuna de la civilización antigua. El país de las pirámides y los faraones. En una abrir y cerrar de ojos, Egipto se presenta ante los ojos del mundo como un pueblo recién fundado que busca organizar su sociedad y no encuentra patrón ni conductor.
En el teatro de operaciones, la revolución tiene lugar entre manifestantes y las fuerzas del orden, con cualquier cosa como arma de combate. Mientras que el resto del mundo libra su propia guerra a través de un sofisticada arma tecnológica de reciente facturación: las llamadas redes sociales.
Salvando el tiempo, las distancias y otros pretextos del pasado, las redes sociales superan en efectividad a los legionarios de voluntarios y a las brigadas internacionalistas, que fueron importantes refuerzos en conflictos regulares e insurrecciones populares que han sucedido a lo largo de la historia y en los confines del planeta.
Fue así que el mundo se olvidó de sus aprestos cotidianos y su apremiante agenda de tiempo completo para volver la vista hacia las dos columnas de humo que emergen desde Africa: Túnez y Egipto, que como gemelos de un parto crucial, alzan sus cabezas desde las entrañas de un poder incubado por años de autoritarismo y corrupción.
El año 2011 apenas empieza, de la misma manera que el continente negro retoma su emancipación. Ayer como hoy, el resto del mundo estará atento y al tanto del curso de los acontecimientos y esta vez con la tecnología en manos de millones de personas que conforman la comunidad virtual, capaces de cubrir toda la extensión planetaria con sus redes interminables. Aquí estaremos. Unos y otros somos parte de esa única comunidad.
El año 2011 apenas empieza, de la misma manera que el continente negro retoma su emancipación. Ayer como hoy, el resto del mundo estará atento y al tanto del curso de los acontecimientos y esta vez con la tecnología en manos de millones de personas que conforman la comunidad virtual, capaces de cubrir toda la extensión planetaria con sus redes interminables. Aquí estaremos. Unos y otros somos parte de esa única comunidad.
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