El año 2011 llegó a nuestra agenda, luego de un intenso 2010, con un amplio radio de repercusiones a escala planetaria. Desde el fenómeno político, hasta el comportamiento de la naturaleza, la humanidad vivió doce meses entre el foco de tensión de guerra en el Medio Oriente hasta dos temibles terremotos en el hemisferio Occidental.
Entre los matices de estos eventos extremos, el planeta sintió los efectos devastadores de fuertes inundaciones en los cuatro costados del globo, desde Australia hasta el macizo sudamericano; con la guerra asimétrica de los cárteles del narcotráfico en México, entre el largo etcétera de acontecimientos de una humanidad que se agita en la ruta hacia el tercer milenio.
Con este ambiente de escenario, se organizó la bienvenida del año 2011, con celebraciones apoteósicas desde todos los confines del planeta. Más que nada, se entiende que por el inmenso privilegio que significa ser testigo de una era crucial de la existencia humana.
Para la única de las leyendas que sobrevive y se confunde con su contemporaneidad, la civilización china, el año 2011, está representado por el conejo o libre, de acuerdo al zodiaco del gigante oriental, fundamentado en el legendario calendario lunar.
El calendario chino consta de ciclos de 12 años, que están representados por un animal, que la leyenda atribuye al Emperador de Jade luego de realizar una ronda de animales, por lo que que pasó a denominarse zodíaco, aquella clasificación del tiempo entre el hombre y su vecindario inmediato, encarnado en los animales.
Según la leyenda, el conejo hace culto al emblema de la longevidad y cuenta que su esencia deriva de la luna. Por esta situación, los chinos conservan una serie de ceremoniales a l gracia, buenos modales, amabilidad, sensualidad y belleza y se considera que el tiempo es propicio para la persuasión y el lenguaje de la diplomacia, llegando a considerarse a las personas nacidos en el año del conejo como individuos exitosos en el derecho y la política.
Mientras la mitología china consigna toda esta simbología para el año 2011, el ya desaparecido calendario maya, establece un pronóstico apocalíptico para esta fecha, como antesala de eventos catastróficos, como resultado del fin de la era cósmica denominada Quinto Sol.
Estudiosos del calendario maya indican que su cronología se interrumpe abruptamente el 23 de diciembre del año 2012, día que en sus cuentas finaliza la era del Quinto Sol, que contabilizan en 5 mil 125 años de duración.
El calendario maya has sido objeto de estudio durante siglos, a partir de la curiosidad aún insatisfecha por generaciones de científicos de la astronomía sobre la observación, predicción y medición del tiempo de estos desaparecidos pobladores de la América prehispánica.
De acuerdo a la interpretación de los estudiosos del calendario maya, a partir del año 1992, la humanidad entró en el denominado momento del katum, que los mayos consideraron como “el tiempo de no tiempo”. Esta hipótesis establece que a partir del 1992 el universo vivirá un proceso de transición de 20 años, caracterizado por profundos cambios cósmicos, intensos movimientos telúricos y convulsiones sociales.
En fin, ya estamos en pleno 2011, con el encanto del conejo y sus atributos, como le simboliza la civilización china y los pronósticos apocalípticos que se encierran en el calendario mayos y sus videntes más aventajados.
Entre un escenario y el otro, la vida es un ejercicio que se torna cada vez más interesante y atractiva, sobre todo cuando estamos en la disposición de vivirla a plenitud.!
Santo Domingo. Rep. Dominicana.
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